Y una moto negra (Enrique de la Cruz)

Enrique de la Cruz, nacido en Madrid en 1978, es un autor novel, uno de esos artistas valientes en los que pensé al crear este blog, pues cumple a la perfección la máxima de aquella primera entrada con la que abría este punto de encuentro literario hace justo dos años: “El eco es el principio, el estallido de la idea, esa voz interior que aflora lentamente, invadiendo la mente. Solo los intrépidos escuchan con atención el eco y deciden darle vida, a través de la tinta”. Como muchos, descubrió su pasión por la escritura en el instituto, gracias a un ejercicio creativo propuesto por su profesora de literatura. De aquella actividad surgieron dos relatos: “yo escribí dos y como no sabía cuál presentar, le di uno a un compañero para que lo presentase él”, confiesa en una entrevista. Sin embargo, seguiría unos cuantos años como autor escondido en el mundo de las sombras de los libros y las reseñas ―Enrique de la Cruz colabora activamente en el blog Cruce de caminos― hasta que decidió dar un paso y alumbrar, primero, una serie de relatos, y, posteriormente, su primera novela, a la que dedico esta entrada.

Enrique de la Cruz

Y una moto negra supone el debut definitivo de Enrique de la Cruz en el mundo literario, consiguiendo un resultado notable. La oscuridad del mundo en el que vivimos, sus sombras, será lo primero que capte la atención del lector. Es la atracción de lo sórdido y obsceno, de aquello que acaba copando su hueco en los telediarios en la sección de crónica negra y sucesos. La atmosfera de los polígonos industriales de las poblaciones dormitorio de Madrid capital es excelente, un efecto que el autor logra con unas descripciones precisas y sucias que salpican y huelen, además de con el contraste entre dos microcosmos, dos ambientes diferenciados únicamente por el poder adquisitivo de las familias en las que uno nace. La trama planteada en Y una moto negra no resultará novedosa, pero el autor le da un enfoque sensitivo y trepidante.

Los asuntos aparentemente sencillos, como una conversación casual, son los que en el mundo real se vuelven más espinosos, y ese es el punto de partida de la novela. Alfredo, el protagonista, acaba de comenzar una nueva vida, una a la que ha conseguido acceder gracias a la familia de su novia, Celia, y que ha supuesto dejar atrás el barrio pobre donde se ha criado. Al poco de empezar la relación de pareja, Alfredo se muda con los padres de ella, viviendo los cuatro bajo el mismo techo, y enseguida es admitido como un miembro más, incluso le ofrecen un puesto de trabajo en la empresa familiar, la Ferretería Industrial Hermanos Sánchez.

La vida parece sonreír a Alfredo, que ha conseguido una estabilidad inimaginada un año atrás. Sin embargo, no olvida de dónde procede; de hecho, continúa visitando a Ernesto, un hombre mayor que él con el que llevaba conviviendo un tiempo y al que considera como un segundo padre. Todo cambia tras encontrarse con un viejo amigo, Rufo, quien le pide ayuda:

—Oye, me viene muy bien verte, tío. Necesito algo, igual tú me lo puedes dejar.

—Si está en mi mano, cuenta con ello, ya lo sabes —No quiso darle una negativa de primeras.

—Verás, amigo… —Le pasó el brazo por el hombro y le invitó a sentarse buscando privacidad?—. Lo que necesito es un coche… Para un rato… Nada, cosa de una tarde.

Su pasado está a punto de resurgir e irrumpir en su nuevo mundo, pues las cosas nunca son lo que parecen. Tras meditarlo, accede a la petición de Rufo, enfrentándose posteriormente a un dilema moral sin precedentes que conducirá a Alfredo al colapso. Se tendrá que debatir entre los consejos antagónicos de las dos personas más importantes de su vida. Rafael, compañero y único amigo en la ferretería, nada más jubilarse le aconseja que viva la vida: “busca la aventura. […] Es el momento de arriesgar, de ganar”. Pero, por su parte, Ernesto le recuerda la suerte que ha tenido por poder haber abandonado el barrio, que la vida brillante se encuentra al otro lado de las vías del tren y del puente, una vida tranquila y segura: “yo solo quiero que pienses tres veces antes de meterte donde no debes”.

Mapa del Infierno, obra de Sandro Botticelli.

Estructurada en tres partes, la novela bebe de la influencia cultural de la Biblia, de la Divina Comedia de Dante Alighieri o de la ópera Fidelio o el amor conyugal, de Beethoven. Las tentaciones bíblicas son un clásico de nuestro día a día, porque nadie tiene la tenacidad y voluntad de Jesucristo ante el demonio, un hueco por el que el autor deja espacio de sobra para que meditemos. “Le subió el diablo a un monte […] y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”. ¿Seríamos capaces de renunciar a tal ofrecimiento, de no morder la manzana prohibida? El dinero se revela así como motor del mundo, una herramienta que el autor emplea para invitar a la reflexión: ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer por conseguirlo? ¿Acaso todo tiene su precio? El desenlace que propone Enrique de la Cruz es terrible y muy sugerente.

Y lo prohibido es el complemento perfecto para lo sórdido, dos términos hacia los que el ser humano se siente extrañamente atraído, y que el autor muestra en el universo degradado de la obra, un fiel calco de nuestra cotidianeidad, en un escenario lleno de mafias, clanes, prostitución, drogas y juego, con personajes creíbles y sufrientes, con las taras propias de la sociedad maniquea española del siglo XXI, polarizada en temas como el machismo, otra cuestión que sobrevuela la obra. Evidentemente, todos estos elementos desequilibran y marcan al protagonista, que se mueve entre la indecisión y la comodidad de lo fácil.

El autor menciona expresamente en la novela la pieza musical de Beethoven Fidelio o el amor conyugal ―inspirada en el texto original en francés de Jean-Nicolas Bovilly―. En ella Rocco canta a Fidelio que “si no tenéis [Marcelina y tú] el dinero de vuestra parte”, no seréis felices. Y esa trampa es la que colocará a Alfredo a las puertas del vestíbulo del “Infierno” de Dante, pero a diferencia de este, no iniciará el viaje acompañado por el poeta romano Virgilio, sino que lo recorrerá en solitario, enfrentándose a las tres bestias, alegorías de la autoindulgencia, la violencia y la perversidad, cayendo, por tanto, cada vez más adentro del “profundo lugar donde el sol calla”. En los versos de Dante el número tres se repite con frecuencia ―treinta y tres cantos divididos en tercetos, tres monstruos o tres pecados―, ¿quizás los tres bloques de esta obra sean un guiño al clásico de Dante o una mera casualidad? El lector lo ha de juzgar. El autor, no obstante, introduce cambios perversos sobre Fidelio o el amor conyugal, donde la mujer ―encarnada en la presente obra por Celia― aparece como la salvadora del marido bajo el lema “quien tiene una buena esposa”.

Y una moto negra

Recientemente, Enrique de la Cruz hacía gala de su honestidad y autenticidad ―gestos que yo agradezco y valoro muy positivamente― como escritor al hablar así de Y una moto negra en una entrevista: “el principal motivo [de la obra] es entretener al lector, nada más y nada menos, […] me sigue dando mucha vergüenza cuando alguien lee lo que escribo”. Si me permites un consejo, compañero, destierra la vergüenza y cree en la fuerza de tus creaciones, pues tus pasos literarios han demostrado ser más que firmes. Yo, personalmente, espero con ganas tus próximas propuestas, incluido el posible spin-off de Y una moto negra. ¡Adelante y ánimo! No te cierres a nada, incluida la fantasía y su worldbuilding; prueba y experimenta, así es como se aprende.

Si Enrique de la Cruz abre la novela con una cita de F. Scott Fitgerald, extraída de El curioso caso de Benjamin Button, yo la recupero para poner fin a esta entrada del blog. Si “[vuestras] vidas se definen por las oportunidades, incluso las que [perdéis]”, ¡no dejéis escapar esta novela! Gracias, Enrique, por tu generosidad, por haber confiado en este espacio para tu ópera prima.

Tapa blanda: 146 páginas

Editor: Libros.com

ISBN-13: 978-8417993238

Página web del autor: Enrique de la Cruz

¿Dónde comprar?: En librerías

Publicado por Ecos y tinta, blog literario

Bienvenidos a Ecos y tinta, un espacio de encuentro y aprendizaje donde compartir propuestas de lectura, donde descubrir libros nuevos, algunos de ellos olvidados por el tiempo o desconocidos, siempre sin perder de vista los clásicos.

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